Manfred Max-Neef

     El chileno Manfred Max-Neef estudió economía e hizo carrera como empleado de la empresa Shell. En 1957 dio las espaldas a la industria y se dedicó a estudiar los problemas de los países en desarrollo. Trabajó para organizaciones de la ONU y en diversas universidades de EE.UU. y América Latina.

     Max-Neef, sontiene que el ser humano posee nueve necesidades fundamentales, que son: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad (una décima, la búsqueda de la trascendencia, le pareció entonces demasiado osada).

     Para ir introduciéndonos en el pensamiento de este autor, sería buena idea reflexionar acerca de nuestro día a día, y pensar cuánto aparecen estas necesidades fundamentales en nuestros actos y que cosas las provocan.

     ¿Has pensado lo del párrafo anterior?.

     Max-Neef nos habla también de los niveles de las satisfacciones de las personas: ser, tener, hacer e interacción.

     De acuerdo con ese modelo, Max-Neef construye una matriz básica con las nueve necesidades básicas, conectadas axiológicamente con las cuatro categorías de satisfacción de necesidades. Siguiendo el esquema se obtiene una matriz con 36 campos.

    

     Resulta interesante también, analizar los resultados de esta tabla, si negamos los niveles de satisfacción. Por ejemplo, no ser subsistencia, significa dependencia.

Para los conocedores de las teorías del desarrollo, las formulaciones de Max-Neef no son nada nuevo. En ese sentido, no es tanto un teórico, sino más bien un pensador pragmático sobre lo sensato y factible, que desea inspirar a la gente sencilla de la periferia geográfica y social a desarrollar la iniciativa propia, la responsabilidad y la búsqueda de identidad. Tampoco es el fundador de una escuela propia del pensamiento, sino que se mueve dentro de parámetros definidos ya por otros antes que él: Schumacher, Kohr, la Fundación Bariloche, la Fundación Dag Hammarskjöld. Max-Neef quiere ser una voz en el coro de los pensadores alternativos, una voz obstinada y alta. Con orgullo relata que sus instrucciones para la matriz de necesidades y satisfactores es uno de los documentos más copiados por grupos interesados en cuestiones del desarrollo, tanto en América Latina, como en Europa y el Tercer Mundo. Hoy se aplica particularmente en Sudáfrica y Australia.

Max-Neef sabe bien que ello no modifica el problemático curso del mundo. En sus reflexiones sobre el futuro de la humanidad llega a definir escenarios posibles entre el ocaso y la factibilidad. Como posibilidades se cuentan la desaparición parcial o total de la humanidad como consecuencia de una catástrofe nuclear o ecológica. Pero el verdadero terror es para Max-Neef el escenario de una concretización de la ciencia ficción, el supuesto de una sociedad de bárbaros polarizada, en la que los ricos (como se observa ya en parte en algunas metrópolis latinoamericanas) se parapetan detrás de alambre de púa, rejas de alta tensión, muros con astillas de vidrio y vigilantes armados, mientras que alrededor, en medio de paisajes pesadillescos, los marginados vagabundean y roban.

Max-Neef mismo se inclina por un escenario optimista para el futuro: una sociedad en la que se comparta y reine la solidaridad y la igualdad. Pero, ¿cómo se llega a ella? Tampoco Max-Neef tiene una solución garantizada. Para él, pueden ayudar los pequeños pasos de los «economistas descalzos», acciones solidarias entre los pobres y la resistencia desde abajo contra la máquina modernizadora descontrolada, el regreso a lo pequeño, la aceptación de la medida del ecoson, el compromiso alternativo y una relación respetuosa con el ser humano, los animales y la naturaleza.

Max-Neef quiere reunificar nuevamente las culturas científicas de nuestro tiempo que divergen, preparando en la Universidad Austral una serie de congresos internacionales junto con el Club de Roma sobre el tema «Ciencia, cultura, política, ética y fe». De esa forma, la décima categoría de Max-Neef, la trascendencia, vuelva quizás por sus fueros.

Max-Neef se mueve hoy en áreas que ya antes de él demarcaron Sócrates, los Evangelios y Francisco de Asís. Sin duda, se transforma en un profeta, pero no de los que anuncia desgracias, sino de aquéllos que, a pesar de todo, permanecen optimistas y ofrecen orientación. ¿Qué hacer?

Max-Neef responde cada vez más frecuentemente con parábolas y metáforas y aconseja p. ej. anudar «hamacas», para evitar la caída en el sector moderno. Pensemos solamente en la crisis de la «enfermedad de las vacas locas» en Europa: no fue ningún colapso global, pero sí una catástrofe regional, consecuencia de la cría perversa de animales. En ese caso, la «hamaca» sería el campesino ecológico, que puede compensar las pérdidas con una oferta de productos naturales.

Una parábola que Max-Neef relata una y otra vez es la del rinoceronte. ¿Puede un rinoceronte (el monstruo de la modernización) ser espantado con un palo? Seguramente no, pero miríadas de mosquitos (que aparecen sin jerarquía y se reúnen espontáneamente) pueden hacerle la vida imposible al rinoceronte, de tal forma que éste se marcha. La parábola refleja el optimismo de Max-Neef, que, a pesar de los espantos del siglo XX, cree en un futuro viable para el siglo XXI. La condición es que los seres humanos lo queramos.

¿Lo queremos? En lugar de dar una respuesta, el rector cuenta otra historia: desde su niñez se preguntó qué hace único al ser humano y lo distingue de los animales. La respuesta que obtuvo en la niñez, que sólo el ser humano posee un alma pero los animales no, pronto dejó de tener consistencia. Le siguió la explicación de que los animales tienen instintos, pero no inteligencia: un supuesto que la ciencia demostró más tarde que era falso. Luego, de pronto, llegó la solución: sólo el ser humano tiene humor. Pero esa tesis tampoco resiste un análisis serio, ya que también las aves y otros animales se divierten y «ríen» los unos de los otros, relata Max-Neef. «Cuando, frustrado, hablé del tema con mi padre», continúa, «éste me dijo que lo intentara con la estupidez». Al principio, fue un shock para Max-Neef, pero pasados los años, la tesis continúa teniendo validez: «sólo el ser humano es tonto».

Evidentemente tenemos que conformarnos con ello. Por ello, el primer paso en dirección a la supervivencia es para Max-Neef ser menos tontos.

(Información de la revista D+C Desarrollo y Cooperación (No. 2, Marzo/abril 2002, p. 25 – 29) extraída de http://www.inwent.org/E+Z/zeitschr/ds202-10.htm )

Para saber más:

-muchas páginas en internet abordan los pensamientos de Max-Neef.

-uno de sus libros  Desarrollo a escala humana: conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones.